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lunes, 30 de mayo de 2011

LA DÁDIVA EXISTENCIAL Desde la alteridad y lo natural

En la senda existencial en donde las cosas circundan y se imponen unas con otras y son sentidas por unos, por otros no, en distinta frecuencia, potencia y perplejidad; hay alguien entre todos estos entes que se da cuenta de que se está dando cuenta de que hay fenómenos, de que hay una presunta realidad en donde los puede experimentar en cada pro-eyecto que lleve a cabo. Ese alguien es el Ser humano, esto nos determina no como meros entes, como cosas-objetos; sino como realidades ontológicas. (Heidegger-Jasper).-

*Puede suceder en la tierra, una erupción volcánica, un tsunami, un terremoto, la caída de un gran meteorito, una era glaciar……pero sin un Ser humano histórico que lo viva, que lo relate que sienta o sintió esa REALIDAD….no es nada, es como que cualquiera de estos hechos no hubieran acontecido.-

Podríamos decir que entre todos los entes universales, el Ser humano tiene un poder, una carga, una fuerza que se nos confirió por diferentes hechos fortuitos de la naturaleza que a través de millones de años de evolución y por parte de azar-natural y parte por sociabilidad con Otros, pudiendo subsistir y convertirnos en los portadores de unas ventajas, una “supremacía”, para con otros entes naturales; pero a su vez cargada con un peso no de ley física, sino existencial. Esa fuerza, esa potencia que me pone en la realidad no viene medida, calculada por algo-alguien (objetivación) sino que me empuja, me fortalece solo por el mero hecho de existir. Este otorgamiento, este “regalo” que se recibe (sin pedirlo) debe ser retribuido solo por el Ser humano, y la dádiva es con esos Otros que están y que vendrán (humanidad) y con la naturaleza que nos/los cobijó. Eso nos hace a todos responsables en definitiva del mundo, más hoy día; con solo abrir los diarios lo reconoceremos. Solo la medida de mis posibilidades en tiempo-espacio-fuerza vital, determinará el eximirme o no de la responsabilidad total, comprometida no tanto en una responsabilidad solo moral, sino a una responsabilidad de la supervivencia con moral.

El Otro (humano) y el mundo (naturaleza); siguiendo a Heidegger y volviendo a las cosas del mundo; nos dice que estas cosas no solo son cosas ante mí como objeto; sino que tienen que verse como manifestaciones, revelaciones de/con VALOR; y por supuesto no hablo del valor monetario-cambio, sino de ese Valor que otorgamos a algo que si desapareciera, se extinguiera o moriría, consideraríamos que nos falta algo importante de nuestro propio Ser-con-el-mundo. Hay muchísimos valores que le damos a cosas en el mundo, pero hay uno que es el más importante, y es el valor VIDA, no hablando solo de la vida humana, que por supuesto para nosotros y en general es el más importante, sino hablo de todo lo VIVO, de la vida en general.-

Por ello Heidegger nos dice que “el hombre es el pastor del Ser”, el que cuida, el que protege, el que en definitiva se hace o debe hacerse responsable del mismo.-

La realidad ontológica, la humanidad, siguiendo en esa senda existencial, está en constante pro-eyección cada uno en sus posibles, el hombre/mujer comienza a elegir dentro de sus posibilidades, si negar u olvidar la gratitud hacia la dádiva existencial, la carga con los Otros, con el mundo. Aquellos que asumen esa dádiva intransferible, innegable; por propia decisión ajustan sus pro-eyectos personales y destinan parte-de-sí a salir a la escucha de los llamados que el propio Ser asume escuchar. La ayuda, el apoyo, la contención, la asistencia y el acompañamiento son posturas tomadas que están presente cuando la situación difícil, el momento desesperante, una enfermedad, la falta de energía que debilita e inmoviliza; allí, nace el llamado; y ese poner lo mejor y mayor de nosotros, la psiquis, la fuerza, la movilidad, el tiempo, la entrega en la mayor medida que cada uno pueda, porque es preferible la equivocación a la omisión; podemos ser responsables de un error, pero somos más responsable existencialmente por el abandono, que pasa a menudo cuando comenzamos a medir, a calcular con el estorbo de la mediatización que busca solo el provecho particular que los hábitos y las costumbres nos impone en muchos casos, esto hace en estos “momentos éticos”, que nos perdamos de lo esencial para con-el-otro.-

Creo que una verdadera ética, la entrega debe nacer o concebirse originalmente, no como préstamo sino como donación. En el préstamo siempre hay una base de cálculo, de interés, de beneficio, de instrumentalización (objetivación) de lo dado. En la donación la entrega es sin contraprestación o devolución directa u obligatoria.-

Esta ética de la responsabilidad, que responde al llamado, a un llamado que más que venir de fuera, se despierta, es sacudido, me golpea internamente, sin medir en muchos casos una voz, un sonido, una señal objetiva. Mi propia conciencia, en Momentos realmente profundos, hondos, ontológicos, en donde yo, el Otro, el mundo, se entrelazan, salen de su lugar y se ponen en la posición de esa presunta exterioridad.-

Un filósofo que escribió páginas y páginas preciosas sobre la relación con el Otro es Emmanuel Lévinas; él habla mucho del Otro, de esa revelación que se plasma con el Rostro, en donde yo no voy tanto hacia el otro sino que el Otro se me impone, me aparece repentinamente, es una revelación, es más bien, dice Lévinas, una Epifanía. Repite constantemente que la necesidad de responder al Otro, de salir de mí para ir hacia él/ella; eso es ética.-

Además re-clama y advierte que siempre debemos tener en cuenta que ese Otro es infinito, y que aunque yo pretenda limitar, objetivar y totalizar desde mis pre-juicios mis estereotipos al Otro nunca podré lograrlo, o sea que nunca podré ni puedo saber toda la profundidad subjetiva, los sentimientos, los conocimientos, su mundo; y cuando ésto se pretende hacer, se entra en los peligros del totalitarismo, de la racionalización instrumental, de medirnos para conquistarnos, o solo darnos el valor de cambio que el mercado pide.-

La llamada del Otro y de la naturaleza nos sitúa a todos en una encrucijada, en donde no solo el peso de la libertad, sino hay un nuevo peso que es el de la subsistencia de la vida, nos pide responsabilidad, y ese pedido es para cada uno, no puedo delegarla, como seres autónomos y libres, soy responsable de lo que YO realice o no, nadie puede responder por mí. Por ello cuando el “llamado” comienza a hacer pedido en mi, por un lado puedo asumirla y acudir a la ayuda o al pedido; pero por otro lado al primer indicio de gestación del “llamado” en mi, interpongo, ruidos, distracciones, que me ensordezcan moralmente para no “oír” al Otro, al mundo, librándome de responsabilidades que éste podría ocasionarme, buscando dar una imagen, una apariencia de un “no saber qué pasa” “no escuché nada”, ocultando lo que verdaderamente es: un/a hipócrita ante el mundo, ante la humanidad, y el creyente cristiano, ante Dios (que todo lo ve y lo escucha, hasta los pensamientos). La hipocresía lleva a estos Seres peligrosos, que no solo le mientan a todos, sino que se está mintiendo a sí mismo.-

Como decía cuando nos planteamos la responsabilidad con el todo. Creo y repito que debemos hacer una ejercicio auto reflexivo, para primero asumir una responsabilidad total (aún no siéndolo presuntamente) o sea decirnos que somos responsables de nosotros, de los Otros, de la naturaleza, del mundo, de la humanidad y de los hechos desgraciados que envenenan a todos. Para luego sin mentir/nos, como se diría “con una mano en el corazón”, viendo nuestro actuar, nuestra forma de vida, de Ser, no tanto desde mi yo, sino haciendo el esfuerzo desde el Otro; comenzar a desglosar la responsabilidad del todo, para ver en qué grado mi accionar con el mundo repercute “con esas cosas que andan mal por ahí” directa o indirectamente, con reflexión o sin reflexión; de ahí este giro de asumir en uno “la culpa”, para luego en mi propio juicio como “culpable hasta que ME demuestre a mi mismo lo contrario”, presentar las evidencias que tengo para con esa responsabilidad, que puede estar en mi y que a su vez es una EXIGENCIA para Otros y más con aquellos Otros-con-poder (político-corporativo/económico-etc.)

Hay en estos tiempos una enfermedad que a todo lo está debilitando, los sienten las sociedades, lo siente la naturaleza, lo siente en muchos momentos cada uno de nosotros, esta patología sintomática que nos es sentida nos debilita, a unos más que a Otros, está quitando esa fuerza, ese oxígeno, esa energía que da vida.-

El hombre/mujer así como la naturaleza terrenal, es algo compuesto de vida, pero más próximo o lejano, es finito, los “recursos” de estos en un momento se acaban. Pero aún en los últimos alientos, en los pre-supuestos negativos, en los momentos más difíciles, siempre hay que estar allí, atentos para oír esa llamada, de algo que sigue vivo, no debemos abandonarlo, debemos estar allí hasta los últimos momentos, es nuestra obligación moral, y nuestra deuda por ese regalo, esa donación de haber nacido/vivido con-Otros-en-este-mundo.-

Repito, hay que estar allí, a “pie del cañón”, atentos a la escucha, a la llamada de Ser, que es el Otro y que soy yo. Hay que pregonar un amor, una constante caricia, protección, auxilio con el mundo-Otros, para afianzar un lazo y forjar un sentimiento vital en cercanía, por la subsistencia de lo más ecuánime, apacible y prolongada de toda la VIDA.-

Cada momento histórico tuvo una ética. Ayer fue una; en el mañana puede ser otra, pero con los avatares de la humanidad en este mundo actual y sus consecuencias, hoy nos pide, y más bien re-clama a todos, una ética de la responsabilidad.-

domingo, 7 de noviembre de 2010

2010, AÑO DEL MEDIO AMBIENTE

La naturaleza no es muda

Por Eduardo Galeano

El mundo pinta naturalezas muertas, sucumben los bosques naturales, se derriten los polos, el aire se hace irrespirable y el agua intomable, se plastifican las flores y la comida, y el cielo y la tierra se vuelven locos de remate.

Y mientras todo esto ocurre, un país latinoamericano, Ecuador, está discutiendo una nueva Constitución. Y en esa Constitución se abre la posibilidad de reconocer, por primera vez en la historia universal, los derechos de la naturaleza.

La naturaleza tiene mucho que decir, y ya va siendo hora de que nosotros, sus hijos, no sigamos haciéndonos los sordos. Y quizás hasta Dios escuche la llamada que suena desde este país andino, y agregue el undécimo mandamiento que se le había olvidado en las instrucciones que nos dio desde el monte Sinaí: “Amarás a la naturaleza, de la que formas parte”.

- Un objeto que quiere ser sujeto

Durante miles de años, casi toda la gente tuvo el derecho de no tener derechos.

En los hechos, no son pocos los que siguen sin derechos, pero al menos se reconoce, ahora, el derecho de tenerlos; y eso es bastante más que un gesto de caridad de los amos del mundo para consuelo de sus siervos.

¿Y la naturaleza? En cierto modo, se podría decir, los derechos humanos abarcan a la naturaleza, porque ella no es una tarjeta postal para ser mirada desde afuera; pero bien sabe la naturaleza que hasta las mejores leyes humanas la tratan como objeto de propiedad, y nunca como sujeto de derecho.

Reducida a mera fuente de recursos naturales y buenos negocios, ella puede ser legalmente malherida, y hasta exterminada, sin que se escuchen sus quejas y sin que las normas jurídicas impidan la impunidad de sus criminales. A lo sumo, en el mejor de los casos, son las víctimas humanas quienes pueden exigir una indemnización más o menos simbólica, y eso siempre después de que el daño se ha hecho, pero las leyes no evitan ni detienen los atentados contra la tierra, el agua o el aire.

Suena raro, ¿no? Esto de que la naturaleza tenga derechos... Una locura. ¡Como si la naturaleza fuera persona! En cambio, suena de lo más normal que las grandes empresas de los Estados Unidos disfruten de derechos humanos. En 1886, la Suprema Corte de los Estados Unidos, modelo de la justicia universal, extendió los derechos humanos a las corporaciones privadas. La ley les reconoció los mismos derechos que a las personas, derecho a la vida, a la libre expresión, a la privacidad y a todo lo demás, como si las empresas respiraran. Más de ciento veinte años han pasado y así sigue siendo. A nadie le llama la atención.

- Gritos y susurros

Nada tiene de raro, ni de anormal, el proyecto que quiere incorporar los derechos de la naturaleza a la nueva Constitución de Ecuador.

Este país ha sufrido numerosas devastaciones a lo largo de su historia. Por citar un solo ejemplo, durante más de un cuarto de siglo, hasta 1992, la empresa petrolera Texaco vomitó impunemente dieciocho mil millones de galones de veneno sobre tierras, ríos y gentes. Una vez cumplida esta obra de beneficencia en la Amazonia ecuatoriana, la empresa nacida en Texas celebró matrimonio con la Standard Oil. Para entonces, la Standard Oil de Rockefeller había pasado a llamarse Chevron y estaba dirigida por Condoleezza Rice. Después un oleoducto trasladó a Condoleezza hasta la Casa Blanca, mientras la familia Chevron-Texaco continuaba contaminando el mundo.

Pero las heridas abiertas en el cuerpo de Ecuador por la Texaco y otras empresas no son la única fuente de inspiración de esta gran novedad jurídica que se intenta llevar adelante. Además, y no es lo de menos, la reivindicación de la naturaleza forma parte de un proceso de recuperación de las más antiguas tradiciones de Ecuador y de América toda. Se propone que el Estado reconozca y garantice el derecho a mantener y regenerar los ciclos vitales naturales, y no es por casualidad que la asamblea constituyente ha empezado por identificar sus objetivos de renacimiento nacional con el ideal de vida del “sumak kausai”. Eso significa, en lengua quichua, vida armoniosa: armonía entre nosotros y armonía con la naturaleza, que nos engendra, nos alimenta y nos abriga y que tiene vida propia, y valores propios, más allá de nosotros.

Esas tradiciones siguen milagrosamente vivas, a pesar de la pesada herencia del racismo que en Ecuador, como en toda América, continúa mutilando la realidad y la memoria. Y no son sólo el patrimonio de su numerosa población indígena, que supo perpetuarlas a lo largo de cinco siglos de prohibición y desprecio. Pertenecen a todo el país, y al mundo entero, estas voces del pasado que ayudan a adivinar otro futuro posible.

Desde que la espada y la cruz desembarcaron en tierras americanas, la conquista europea castigó la adoración de la naturaleza, que era pecado de idolatría, con penas de azote, horca o fuego. La comunión entre la naturaleza y la gente, costumbre pagana, fue abolida en nombre de Dios y después en nombre de la Civilización. En toda América, y en el mundo, seguimos pagando las consecuencias de ese divorcio obligatorio.

Fuente: Página12

Comer menos carne para proteger la Tierra

Para ayudar a nuestro organismo y al planeta, yo de mi parte hace 2 años he reducido el consumo de carnes vacuna o de pollo casi por completo, solo cuando voy de mis padres o de mi suegro la consumo, no soy por extremo vegetariano, pero sin darme cuenta, estoy ahí nomas, por supuesto lo complemento con mi pan casero, m ...is fideos caseros, mucha fruta y algo de lácteos. aquí en la Argentina por cápita, somo los mayores consumidores de carne del mundo....bueno...como siempre...contra la corriente...pero para bien de todos.....ayuda a tu cuerpo y al de los demás...reduce tu consumo de carne por el bien tuyo y del planeta.



Comer carne no es bueno ni para la salud de las personas ni para la del planeta. El consumo de carne debería recortarse en un 50 % para frenar la desforestación para cultivar forrajes y detener las crecientes emisiones de gases de efecto invernadero generadas en el sector ganadero. Estudios recientes demuestran que un 18% de las emisiones de gases relacionados con el calentamiento global proceden del sector ganadero.

El ganado ocupa una tercera parte de la superficie total del planeta, utiliza más de dos terceras partes de sus terrenos agrícolas y vive en casi todos los países. El número de reses de cuatro patas que habita la Tierra ha aumentado un 38 % desde el 1961; en este momento se contabilizan más de 4.300 millones de individuos.

A medida que la población china aumenta su poder adquisitivo, este país evoluciona hacia una dieta con más productos proteicos. La producción de carne se ha multiplicado por 2 desde 1977, y a lo largo de los últimos 50 años por 5. La producción de reses, pollos, cerdos y otros tipos de carne ha subido hasta cerca de 40 kg/año por persona, más del doble que en 1950.

Lógicamente, los principales consumidores son los países industrializados, que comen más de 80 kg de carne por persona al año, sobre todo de cerdo y aves, mientras que en los países en vías de desarrollo es de tan sólo 28 kg/año. Aun así, dos terceras partes del aumento en consumo de carne se producen en los países en vía de desarrollo que no detienen el incremento de su dieta proteica. Este incremento en la producción de carne sólo es posible con los sistemas industriales que actualmente generan un 74 % de los productos avícolas del mundo, un 50 % del porcino, un 43 % del vacuno y un 68 % de los huevos. Así las cosas, un 70 % de la producción de medicamentos antimicrobianos fabricados a los EE.UU. va destinado al ganado vacuno, al porcino y al avícola. No en vano este abuso en fármacos en la industria cárnica ha generado algunos sustos de salud pública. Curiosamente, un nivel adquisitivo más alto se traduce en una diversificación de la dieta a favor de incorporar más carne, alimentos procesados, bebidas refrescantes, lácteos y grasas

Sin duda, la fermentación gástrica e intestinal de los rumiantes y los excrementos abundantes provocan un exceso de metano, un gas con un poder invernadero de hasta veinte veces el del dióxido de carbono ponen la guinda a la triste realidad que acompaña a la ganadería intensiva para abastacer el abuso de carne. Tampoco se pueden olvidar las emisiones de óxidos nitrosos producidos por los fertilizantes nitrogenados usados para obtener pienso, así como resultado de los combustibles de la maquinaria de las granjas. Todo ello ha llevado a que la producción ganadera experimentara un ritmo creciente aportando emisiones a la atmósfera. Sumadas a las del resto del sector agrario, suponen ya el 22% de los gases invernadero, por lo que su cuota es similar a la de la industria e incluso superior a las del transporte. La ganadería aporta el 9% de las emisiones globales de dióxido de carbono (CO2 ) y entre 2 el 35% y el 40% del metano, así como el 2 65% de los óxidos nitrosos.


Ahorrar agua consumiendo menos carne
Uno de los principales problemas ambientales de la ganadería es precisamente la gran cantidad de agua que consume y que indirectamente tomamos nosotros al comer un bistec. Mientras que hacen falta 550 litros de agua para producir la suficiente harina necesaria en un ración de pan en los países industrializados, se precisan 7.000 litros de agua para tan sólo producir 100 gramos de carne de ternera. Para producir los 225 g de carne que consumimos en los países desarrollados hacen falta, por ejemplo, 25.000 litros de agua.

Así pues, en la dieta habitual de los países ricos, el consumo de agua indirecta debida a una dieta rica en carne es 15 veces mayor que el de una dieta vegetariana. Todo ello sin mencionar los purines que contaminan los ríos y las aguas subterráneas.

Si, por ejemplo, asumimos un consumo de agua para ducharnos en 5 minutos al día a razón de 8 litros por minuto, resulta que en un año consumimos la misma agua que un bistec de 200 g. En otras palabras: si queremos ahorrar agua de verdad sería mejor reducir el consumo de carne. Algo parecido sucede con el consumo de combustibles fósiles; se sabe que por término medio se requieren 28 calorías de energía para producir 1 caloría de proteína de carne para el consumo humano. En cambio, para producir la misma caloría de proteína vegetal se necesitan tan sólo 3,3 calorías de combustibles fósiles. Por conseguir una caloría de carne de res hace falta un 33 % más de combustibles fósiles que para producir una caloría de energía de patatas. Alimentar las personas con carne pide un 40 % más de cultivo del grano mundial que se cultiva y para el que hace falta una cuarta parte de las tierras de cultivo del mundo. Son los animales y no las personas quienes consumen un 95 % de la producción mundial de soja.


La necesidad de reducir el consumo de carne
Es evidente que la variedad en nuestra dieta es un factor clave para la salud, pero también es evidente que una dieta rica en grasas y que no incluye grano porque se emplea por engordar los animales que después tragaremos en forma de carne, huevos, leche, etc., también es un riesgo para la salud (obesidad, enfermedades cardiovasculares, etc.) y para el medio ambiente. Curiosamente el abuso en el consumo de carne en los países desarrollados ha llevado a los males derivados de la sobrealimentación (sobrepeso, obesidad, enfermedades cardiovasculares, anorexias, etc.) a la vez que provoca una fuerte presión sobre el medio. El consumo medio mundial de carne es de unos 100 gramos por persona y día, sin embargo, en nuestras latitudes alcanza los 225 gramos por persona y día. En España se cifra en 52 kg/año (142 g/dia). Para un adulto sano, se aconseja un máximo de un gramo de proteínas por kilo por persona y día, aunque la media ideal sería 0,7 gramos si la mayoría de las proteínas procede de alimentos de origen animal. En comparación, un bistec de cien gramos contiene unos 20 gramos de proteínas, o sea una cifra similar a la que precisaría una persona de una media de 60 kg. De todos modos, debemos insistir que esta visión de los bromatólogos contrasta con la de los expertos en nutrición vegetariana que defienden la salud a través de la misma.

De todos modos, reducir el consumo de carne roja ayudaría no sólo al objetivo mundial de estabilizar el clima, sino que comportaría grandes beneficios para la salud. El creciente consumo de carne comporta un claro desequilibrio para la dieta diaria, por lo que cada vez es más visible la obesidad incluso en niños. Nuestra dieta está basada en alimentos altamente energéticos de proteína animal. En cambio, las legumbres y los cereales, así como otras verduras, aportan también proteínas con un complemento de fibra muy importante para la salud. La proporción de calorías de las proteínas no ha cambiado (ronda el 12%), pero se ha producido un incremento en la disponibilidad de proteínas animales, especialmente pollo, mientras que el consumo de carnes rojas se dispara especialmente en China o Brasil. El resultado de este aumento de carne y grasa es que en algunos países las enfermedades crónicas (como diabetes de tipo 2, enfermedades coronarias, el cáncer de colon, cáncer de mama, etc.) se multiplican. Una realidad bien distinta entre los practicantes de la dieta vegetariana.

Una dieta más equilibrada reduce el gasto sanitario. Está demostrado que comer demasiada carne roja y productos derivados de estas carnes incrementa el riesgo de enfermedades coronarias. Un ejemplo claro lo pone de manifiesto el documental-realista Super Size Me. Es saludable comer carne una o dos veces a la semana. El nivel de consumo de carne ideal depende de si se complementa la aportación de proteínas con otros alimentos que también las llevan (leche, huevos o legumbres).

Los riesgos del engorde rápido y los mataderos express
En Estados Unidos el 70 % del maíz que se cosecha se emplea para alimentar el ganado, y en el mundo en general cerca del 80 % de la soja se emplea para alimentar los animales. Estas ingentes cantidades de comida son para el engorde rápido. Hace años, el sacrificio de los bueyes solía ser a los 4 a 5. Hoy, las terneras pasan de 36 a 544 kg en tan sólo en catorce meses.

La producción de carne tiende a crecer año tras año. De seguir esta tendencia, podría duplicarse hacia el 2050, alcanzando los 465 millones de toneladas y lo mismo sucedería con la leche a 1.043 millones de toneladas para la misma fecha. Todo ello conlleva la utilización de más y más tierras en todo el mundo para obtener proteínas con las que alimentar el ganado y los animales de granja. El engorde animal se ha convertido en una lucrativa industria en la que participan los grupos farmacéuticos con todo tipo de hormonas artificiales y otros preparados que ya nos han dado alguna alerta, como es el caso del síndrome de las “vacas locas”.

Por ser competitivos en el gran mercado de las proteínas, los animales también se comen entre ellos. Los criadores de ganado hace años que añaden sangre de buey, pollo, estiércoles de pollo, harina de plumas, cerdo y harina de huesos de otros animales muertos al pienso del ganado. Los industriales ingleses no respetaron las normas europeas que exigían tratar las harinas animales a temperaturas altas, por encima de 130 ºC, durante más de 20 minutos y a 3 bares de presión. De este modo, alimentaron durante años a sus vacas lecheras con 3 o 4 kg de harinas animales, aparte de los 10-15 kg de pienso para que produjeran entre siete mil y diez mil kilos de lechales.

En definitiva, sin saberlo las vacas comían carne, cuando en realidad son vegetarianas. Y es así como en 1995-1996 estalló el escándalo de las vacas locas o plaga de la encefalopatía espongiforme vacuna (EEB), que sacudió de forma inquietante la salud humana. La EEB, salida de dar de comer “carne” a las vacas, tiene una gran similitud con la enfermedad humana degenerativa de Creutzfeldt-Jakob. Esta enfermedad se detectó en unos 30 países y mató a unas 150 personas. El resultado es que esta epizootia debida a un prión -una partícula acelular de tipo proteico, pero sin ácido nucleico (debido a que que se trata de una forma modificada de una proteína natural)- se puede insertar en el metabolismo de un ser vivo y destruir la operatividad de todas las proteínas sensibles al prión. Los priones sólo son conocidos en los casos de canibalismo. Algo parecido sucede con el virus H5N1 (gripe aviar) detectado en 1997 en Hong Kong y que ha matado más de 60 personas y obligó a sacrificar 150 millones de aves. En este caso, el uso abusivo de antibióticos está relacionado con esta epidemia.

Los mataderos también se han convertido en una fuente de transmisión de enfermedades, especialmente debido a la falta de salubridad de muchos de ellos, no tanto en lo que respecta a sus instalaciones como a la velocidad en la que deben realizarse las operaciones. La película Fast Food Nation denuncia este aspecto.

Fuente: Terra.org

viernes, 24 de septiembre de 2010

COMER MENOS CARNE PARA PROTEGER LA TIERRA

La amenaza de la dieta proteica Comer carne no es bueno ni para la salud de las personas ni para la del planeta. El consumo de carne debería recortarse en un 50 % para frenar la desforestación para cultivar forrajes y detener las crecientes emisiones de gases de efecto invernadero generadas en el sector ganadero. Estudios recientes demuestran que un 18% de las emisiones de gases relacionados con el calentamiento global proceden del sector ganadero.El ganado ocupa una tercera parte de la superficie total del planeta, utiliza más de dos terceras partes de sus terrenos agrícolas y vive en casi todos los países. El número de reses de cuatro patas que habita la Tierra ha aumentado un 38 % desde el 1961; en este momento se contabilizan más de 4.300 millones de individuos. A medida que la población china aumenta su poder adquisitivo, este país evoluciona hacia una dieta con más productos proteicos. La producción de carne se ha multiplicado por 2 desde 1977, y a lo largo de los últimos 50 años por 5. La producción de reses, pollos, cerdos y otros tipos de carne ha subido hasta cerca de 40 kg/año por persona, más del doble que en 1950. Lógicamente, los principales consumidores son los países industrializados, que comen más de 80 kg de carne por persona al año, sobre todo de cerdo y aves, mientras que en los países en vías de desarrollo es de tan sólo 28 kg/año. Aun así, dos terceras partes del aumento en consumo de carne se producen en los países en vía de desarrollo que no detienen el incremento de su dieta proteica. Este incremento en la producción de carne sólo es posible con los sistemas industriales que actualmente generan un 74 % de los productos avícolas del mundo, un 50 % del porcino, un 43 % del vacuno y un 68 % de los huevos. Así las cosas, un 70 % de la producción de medicamentos antimicrobianos fabricados a los EE.UU. va destinado al ganado vacuno, al porcino y al avícola. No en vano este abuso en fármacos en la industria cárnica ha generado algunos sustos de salud pública. Curiosamente, un nivel adquisitivo más alto se traduce en una diversificación de la dieta a favor de incorporar más carne, alimentos procesados, bebidas refrescantes, lácteos y grasas Sin duda, la fermentación gástrica e intestinal de los rumiantes y los excrementos abundantes provocan un exceso de metano, un gas con un poder invernadero de hasta veinte veces el del dióxido de carbono ponen la guinda a la triste realidad que acompaña a la ganadería intensiva para abastacer el abuso de carne. Tampoco se pueden olvidar las emisiones de óxidos nitrosos producidos por los fertilizantes nitrogenados usados para obtener pienso, así como resultado de los combustibles de la maquinaria de las granjas. Todo ello ha llevado a que la producción ganadera experimentara un ritmo creciente aportando emisiones a la atmósfera. Sumadas a las del resto del sector agrario, suponen ya el 22% de los gases invernadero, por lo que su cuota es similar a la de la industria e incluso superior a las del transporte. La ganadería aporta el 9% de las emisiones globales de dióxido de carbono (CO2 ) y entre 2 el 35% y el 40% del metano, así como el 2 65% de los óxidos nitrosos.Ahorrar agua consumiendo menos carne Uno de los principales problemas ambientales de la ganadería es precisamente la gran cantidad de agua que consume y que indirectamente tomamos nosotros al comer un bistec. Mientras que hacen falta 550 litros de agua para producir la suficiente harina necesaria en un ración de pan en los países industrializados, se precisan 7.000 litros de agua para tan sólo producir 100 gramos de carne de ternera. Para producir los 225 g de carne que consumimos en los países desarrollados hacen falta, por ejemplo, 25.000 litros de agua.Así pues, en la dieta habitual de los países ricos, el consumo de agua indirecta debida a una dieta rica en carne es 15 veces mayor que el de una dieta vegetariana. Todo ello sin mencionar los purines que contaminan los ríos y las aguas subterráneas. Si, por ejemplo, asumimos un consumo de agua para ducharnos en 5 minutos al día a razón de 8 litros por minuto, resulta que en un año consumimos la misma agua que un bistec de 200 g. En otras palabras: si queremos ahorrar agua de verdad sería mejor reducir el consumo de carne. Algo parecido sucede con el consumo de combustibles fósiles; se sabe que por término medio se requieren 28 calorías de energía para producir 1 caloría de proteína de carne para el consumo humano. En cambio, para producir la misma caloría de proteína vegetal se necesitan tan sólo 3,3 calorías de combustibles fósiles. Por conseguir una caloría de carne de res hace falta un 33 % más de combustibles fósiles que para producir una caloría de energía de patatas. Alimentar las personas con carne pide un 40 % más de cultivo del grano mundial que se cultiva y para el que hace falta una cuarta parte de las tierras de cultivo del mundo. Son los animales y no las personas quienes consumen un 95 % de la producción mundial de soja. La necesidad de reducir el consumo de carne Es evidente que la variedad en nuestra dieta es un factor clave para la salud, pero también es evidente que una dieta rica en grasas y que no incluye grano porque se emplea por engordar los animales que después tragaremos en forma de carne, huevos, leche, etc., también es un riesgo para la salud (obesidad, enfermedades cardiovasculares, etc.) y para el medio ambiente. Curiosamente el abuso en el consumo de carne en los países desarrollados ha llevado a los males derivados de la sobrealimentación (sobrepeso, obesidad, enfermedades cardiovasculares, anorexias, etc.) a la vez que provoca una fuerte presión sobre el medio. El consumo medio mundial de carne es de unos 100 gramos por persona y día, sin embargo, en nuestras latitudes alcanza los 225 gramos por persona y día. En España se cifra en 52 kg/año (142 g/dia). Para un adulto sano, se aconseja un máximo de un gramo de proteínas por kilo por persona y día, aunque la media ideal sería 0,7 gramos si la mayoría de las proteínas procede de alimentos de origen animal. En comparación, un bistec de cien gramos contiene unos 20 gramos de proteínas, o sea una cifra similar a la que precisaría una persona de una media de 60 kg. De todos modos, debemos insistir que esta visión de los bromatólogos contrasta con la de los expertos en nutrición vegetariana que defienden la salud a través de la misma.De todos modos, reducir el consumo de carne roja ayudaría no sólo al objetivo mundial de estabilizar el clima, sino que comportaría grandes beneficios para la salud. El creciente consumo de carne comporta un claro desequilibrio para la dieta diaria, por lo que cada vez es más visible la obesidad incluso en niños. Nuestra dieta está basada en alimentos altamente energéticos de proteína animal. En cambio, las legumbres y los cereales, así como otras verduras, aportan también proteínas con un complemento de fibra muy importante para la salud. La proporción de calorías de las proteínas no ha cambiado (ronda el 12%), pero se ha producido un incremento en la disponibilidad de proteínas animales, especialmente pollo, mientras que el consumo de carnes rojas se dispara especialmente en China o Brasil. El resultado de este aumento de carne y grasa es que en algunos países las enfermedades crónicas (como diabetes de tipo 2, enfermedades coronarias, el cáncer de colon, cáncer de mama, etc.) se multiplican. Una realidad bien distinta entre los practicantes de la dieta vegetariana.Una dieta más equilibrada reduce el gasto sanitario. Está demostrado que comer demasiada carne roja y productos derivados de estas carnes incrementa el riesgo de enfermedades coronarias. Un ejemplo claro lo pone de manifiesto el documental-realista Super Size Me. Es saludable comer carne una o dos veces a la semana. El nivel de consumo de carne ideal depende de si se complementa la aportación de proteínas con otros alimentos que también las llevan (leche, huevos o legumbres).Los riesgos del engorde rápido y los mataderos express En Estados Unidos el 70 % del maíz que se cosecha se emplea para alimentar el ganado, y en el mundo en general cerca del 80 % de la soja se emplea para alimentar los animales. Estas ingentes cantidades de comida son para el engorde rápido. Hace años, el sacrificio de los bueyes solía ser a los 4 a 5. Hoy, las terneras pasan de 36 a 544 kg en tan sólo en catorce meses.La producción de carne tiende a crecer año tras año. De seguir esta tendencia, podría duplicarse hacia el 2050, alcanzando los 465 millones de toneladas y lo mismo sucedería con la leche a 1.043 millones de toneladas para la misma fecha. Todo ello conlleva la utilización de más y más tierras en todo el mundo para obtener proteínas con las que alimentar el ganado y los animales de granja. El engorde animal se ha convertido en una lucrativa industria en la que participan los grupos farmacéuticos con todo tipo de hormonas artificiales y otros preparados que ya nos han dado alguna alerta, como es el caso del síndrome de las “vacas locas”.Por ser competitivos en el gran mercado de las proteínas, los animales también se comen entre ellos. Los criadores de ganado hace años que añaden sangre de buey, pollo, estiércoles de pollo, harina de plumas, cerdo y harina de huesos de otros animales muertos al pienso del ganado. Los industriales ingleses no respetaron las normas europeas que exigían tratar las harinas animales a temperaturas altas, por encima de 130 ºC, durante más de 20 minutos y a 3 bares de presión. De este modo, alimentaron durante años a sus vacas lecheras con 3 o 4 kg de harinas animales, aparte de los 10-15 kg de pienso para que produjeran entre siete mil y diez mil kilos de lechales. En definitiva, sin saberlo las vacas comían carne, cuando en realidad son vegetarianas. Y es así como en 1995-1996 estalló el escándalo de las vacas locas o plaga de la encefalopatía espongiforme vacuna (EEB), que sacudió de forma inquietante la salud humana. La EEB, salida de dar de comer “carne” a las vacas, tiene una gran similitud con la enfermedad humana degenerativa de Creutzfeldt-Jakob. Esta enfermedad se detectó en unos 30 países y mató a unas 150 personas. El resultado es que esta epizootia debida a un prión -una partícula acelular de tipo proteico, pero sin ácido nucleico (debido a que que se trata de una forma modificada de una proteína natural)- se puede insertar en el metabolismo de un ser vivo y destruir la operatividad de todas las proteínas sensibles al prión. Los priones sólo son conocidos en los casos de canibalismo. Algo parecido sucede con el virus H5N1 (gripe aviar) detectado en 1997 en Hong Kong y que ha matado más de 60 personas y obligó a sacrificar 150 millones de aves. En este caso, el uso abusivo de antibióticos está relacionado con esta epidemia. Los mataderos también se han convertido en una fuente de transmisión de enfermedades, especialmente debido a la falta de salubridad de muchos de ellos, no tanto en lo que respecta a sus instalaciones como a la velocidad en la que deben realizarse las operaciones. La película Fast Food Nation denuncia este aspecto.
FUENTE: Terra.org